martes, agosto 03, 2010

El problema de morirse no es morirse, es dejar tanta cosa regada

Cuando era niña, tal vez tenía unos 5 años, insistía en que mi nombre era Guillermo Perez y vestia un chaleco de paño (robado del armario de mi papá). Con una tapa y una cuerda, había armado mi reloj de bolsillo, que cargaba en el chaleco. Mi familia pensaba que esto era un juego, un amigo imaginario, y que había elegido ese nombre por que mi papá se llama también Guillermo*.

En edad escolar, empecé a leer textos del hinduísmo y luego del budismo, y el concepto de la reencarnación me pareció muy natural. Después de todo, recordaba desde niña vidas pasadas. Aún tengo recuerdos expontáneos de vidas pasadas, pero durante más de un año hice "regresiones" como parte de una curiosa terapia, buscando salidas a mi depresión (y antes de descubrir las maravillas del prozac). Entendí muchas de las relaciones conflictivas que tenía en el momento, muchas relaciones excepcionalmente buenas, y cosas de mi: patrones recurrentes y gustos que he tenido por muchas vidas.

Con los múltiples recuerdos noté algo que en esta única vida ya había notado, y es que si existe una especie de justicia divina, las personas regresan una y otra vez, que las lecciones se presentan una y otra vez hasta que uno las aprende. Siempre hay otra oportunidad para volverse a relacionar con alguien, y mejorar o empeorar las cosas. Es sólo cuestión de tiempo, pero la oportunidad vuelve a presentarse.

Habiendo explicado lo anterior, entenderán porque, al hablar de la muerte de mi mamá no me pongo triste. No le temo a la muerte, ni a la mia, ni a la de las personas que quiero. Se que la muerte no es el final de nada, es como si se hiciera de noche, algo inevitable, que sólo sucede, y no es bueno ni malo. No tengo interés en adelantar mi muerte, que llegará algún día, por ahora solo aprovecho los espacios que tengo para ser yo (pues al reencarnar, aunque la escencia y hasta el carácter permanece, las condiciones cambian y seré "alguien más"). Por ahora me gusta ser yo, aprender lo que estoy aprendiendo, ver los retos que tengo. El tiempo va avanzando lentamente.

Pero confieso que últimamente me asalta una curiosa preocupación acerca de la muerte. Cuando mi abuela murió, el problema logístico de qué hacer con todas sus cosas retó a mi familia. Al poco tiempo, mi mamá murió, y depronto yo tenía 6 cubrelechos, varias vajillas, y un montón de cosas que nunca quise tener, pero que me tocaron en la repartición. Y depronto, empecé a ver mis pertenencias con otros ojos. ¿Para qué carajos quiero 6 cubrelechos? ¿Para encartar a mi familia cuando muera con ellos?

Ahora, me preocupa mucho de morirme es cómo dejar todo organizado para que no sea un lío para mi familia las cosas y los bichos que tengo. Mis bichos son mi perrita y mis dos gatos. Mis pertenencias son un apartamento lleno de vainas que aparte de valor sentimental, no tienen gran valor (con excepción de algunos libros raros que me han encontrado curioseando por ahi en las librerías de segunda mano).

Hace unos meses cogí los casi 30 diarios que tenía con las historias de mi vida de años y años. Solo los eché a la caja de reciclaje. ¿Para qué quiero guardar eso y torturar a mi familia leyendolos? Yo jamás saco el tiempo para leerlos, y la verdad, es mucho más divertido hacer revisionismo de la propia vida que tener la verdad escrita y recordar las cosas como fueron. Así es más fácil perdonar a los amigos y las personas, y dejar ir los malos ratos. Por eso, también dejé de tomar fotografías y coleccionarlas.

Aún tengo cremas, perfumes, pañoletas, sacos y mil cosas de mi mamá. Y mil cosas mias (tenía la misma maña suya de comprar vainas, y como no pierdo las cosas, tengo 300 pares de aretes). Estoy cogiendo un solo tarrito de crema a la vez hasta acabarlo, y lentamente terminar todos los tarritos tengo. Estoy regalando, un poquito cada vez, la ropa, las sábanas, las vajillas, todo. No necesito nada de eso, y no quiero tenerlo. Y lentamente, tengo cada vez menos cosas que dejar regadas.

Definitivamente, el problema de morirse no es morirse, sino el montón de cosas regadas que le deja uno a la familia. ¿No creen?

* Los recuerdos que tenía no fueron inducidos, pues en mi familia nadie cree en estos temas. De hecho, lo más probable es que se enteren de que yo creo en la reencarnación, cuando lean este post.

1 comentario:

  1. Me pido la maquina de escribir negra... y la raspada en el triciclo fue una venganza de hace seis vidas!

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