miércoles, septiembre 28, 2011

Más aplausos para @Anonymous_Co

La desobediencia civil logra que las sociedades avancen. Si las personas hacen solo aquello para lo que tienen permiso explícito, aún estaríamos en el oscurantismo medieval; estoy convencida de ello.

No creo en protestas violentas, ni en protestar por todo como adolescentes. Tampoco en indignarse por todo y hacer un show cada día que luego se olvida. Las protestas más efectivas son las que logran la atención de la mayor cantidad de personas, las ponen a hablar de un tema importante, pero no causan daño a nadie. Por eso, la protesta de Annonymus me parece digna de mi aplauso. Es efectiva, toca temas importantes y que necesitan ser discutidos, involucra a muchas personas, sale en los medios (gracias a la pésima reacción de las autoridades), y no genera daño ni en los servidores ni en nadie.

Hoy me alegró leer este tweet de @Anonymous_Co en que estudiantes de la Universidad de Antioquia les piden ayuda para mantener un site abajo. Grupos que interactúan para apoyar sus protestas pacíficas, en temas importantes.

Si usted hoy, o cualquier día, tiene 5 minutos, únase. Es tan simple como dar click en los enlaces que mandan por twitter. Lo que usted hará es hacer llamados al servidor (como si estuviera escribiendo la dirección del sitio desde su navegador), pero muchas veces, muy rápido. Como este ejercicio es hecho por muchas personas al tiempo, el servidor, deja de responder por exceso de llamados. Imagine que hay un call center, y miles de personas empiezan a llamar al tiempo, decir hola y colgar. Eso es lo que hacen los "ataques" de Anonymous.

Cuando el grupo de personas deja de hacer llamados, el servidor funciona nuevamente sin tener daños algunos (Anonymous no representa hackers maliciosos que rompen la seguridad para sacar datos o cambiar información dentro de los servidores, así nuestros genios comandantes del ejercito, la policía o el ministro de defensa los llamen criminales).

Mi recomendación es simple, siga a @Anonymous_Co, apoyelos cuando quiera y pueda. Es una buena forma de desobediencia civil, que le hace bien a cualquier sociedad.


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domingo, septiembre 18, 2011

El propósito de la vida

Este fin de semana, he pensado mucho en el propósito de la vida. Supongo que es un pensamiento que llega a todos con la edad.

Recordé que desde que era niña repetía que el propósito de la vida era aprender. Esto está ligado a mi profunda creencia de la reencarnación (que me es muy natural desde la niñez) y el creer que uno tiene varias oportunidades, todas las que necesite, hasta hacer las cosas como quiere. Creo que es uno mismo quien elige cómo será su vida y que deja una especie de mapa en la carta astral con que nace, y que a partir de esa elección, se presentan lecciones que uno enfrenta de una u otra forma y que representan un avance o retroceso en su propio proceso de aprendizaje. -De niña repetía también que uno carga la cruz que le da la gana cargar- Mi convencimiento de que el propósito de la vida es aprender, habla de un aprendizaje que no es académico, es más esa sabiduría de ser humano. La vida es como un sueño, en el que uno no está plenamente conciente.


Nunca he deseado ser poderosa, o famosa. No soñé nunca con ser reconocida en las calles, o salir en tv. Encuentro mucha libertad en ser desconocida y pasar siempre desapercibida al entrar a cualquier reunión. Tampoco he deseado nunca ser millonaria, tener muchos sirvientes, poseer muchas cosas. En general, mis deseos son bien simples, modestos, poca cosa. Me gustaría poder viajar, y no tener que trabajar para poder dedicarme a estudiar. Pero no me siento miserable por tener que trabajar. Soy una persona simple, supongo.

Como creo que es la propia alma (por darle un nombre) quien elige, diré que en esta ocasión, elegí una vida sencilla, poco dramática, sin tanto dolor. Supongo que para tener tiempo de pensar en estas cosas, e incluso, en poder escribirlas. Pero a veces, se atraviesa el ego, y me pregunto si acaso debería buscar metas más grandes. Hoy mi cuestionamiento es precisamente, en qué consiste la grandeza. ¿Quién es grande? ¿Cómo defino la grandeza, y si quiero o no ser grande?

Con frecuencia, oigo a personas cercanas decir que fulanito/fulanita desperdició su vida porque no tiene hijos. Siempre he encontrado curiosa esa creencia popular de que la maternidad/paternidad define el propósito de la vida. Hasta ahora nunca he tenido el deseo de tener hijos, genuinamente no siento la necesidad de ser madre. Tal vez más adelante tenga ese deseo, pero no lo tengo, y dudo que tener o no tener hijos determinará si desperdicié o no mi vida.

Tal vez la definición de grandeza se da por el resultado de lo que uno hace. Por un breve instante de mi vida desee tener una empresa reconocida, y a pesar de mi propia terquedad, la vida me mostró que ese era para mi un camino errado. Hoy tengo claridad en que no deseo esto para mi, que no me interesa tanto el dinero, y tal vez, me hace falta la vanidad que acompaña ese tipo de éxito. Elijo casi sin pensarlo, la tranquilidad sobre el éxito.

Otro camino que intenté, la academia, requiere de mucha política sucia de la que no estoy segura querer participar y no tengo esa necesidad de tener séquito, algo frecuente entre los profesores. Si bien, me gusta mucho el trabajo académico, no se si la grandeza para mi esté en publicar mucho en un tema específico o dictar clase para un millar de personas. Aunque tal vez encontraría la vida de academia como entretenida, no se si me daría ese sentido de propósito que ando buscando.

He pensado que esa grandeza tiene que ver con la empatía y la capacidad de relacionarse con otros, de realmente ayudarlos. Puedo fácilmente relacionarme con otros, involucrarme en sus propios procesos. Me gusta de mi esa característica, eso que hace que me llame a mi misma activista. Temo, sin embargo, en mi incapacidad de diferenciar el punto sano entre involucrarse y no hacerlo. Tal vez la grandeza se defina para mi hoy en la capacidad de involucrarme en causas nobles sin hacerme daño a mi misma.

Por supuesto, no voy a decidir el propósito de mi vida hoy. Y si lo decido, puedo cambiarlo nuevamente al día siguiente. Duda que alguien encuentre respuesta a su propósito alguna vez, pero bueno, sólo comparto lo que ando pensando.

viernes, septiembre 09, 2011

Ah, la colombianidad de Hacienda Santa Barbara

Justo bajo uno de los pocos barrios estrato doce de Bogotá y cruzando la séptima de una de las zonas empresariales en que se cotiza el metro cuadrado más caro, tenemos una bellísima casa, parte del centro comercial al que nadie quiere entrar. Los ejemplos de colombianidad vergonzante se encargan de que quien vaya no quiera volver.

Dos ejemplos en la tarde de ayer:

Entrando al parqueadero, tomé la tarjeta para ingresar. Avance un metro, y tuve que parar pues un camión (si, camión) bloqueba la entrada. Estaba perpendicular a mi ruta, bloqueandola completamente en la entrada del parqueadero. Llovía a cantaros, y había ya una fila de cinco carros esperando entrar. Mientras esto pasaba, la barra que sube y baja para permitir el paso vehicular, subio y bajo y yo no me moví ni un centímetro pues el camión continuaba bloqueando la entrada. Mientras esto pasaba, el vigilante encargado de la seguridad al ingreso(y por ello entendemos el que abre los baúles de los carros, no los mira y los cierra mal), no se inmutaba. Cuando el camión finalmente se movió, unos minutos después, el portero se acerca muy molesto. "Ah, por qué no andó, ahora la barra bajó y ahora no puede pasar.", Ni para que me molesto, pensé. -"Si, ya noté que no puedo entrar. Me colabora con la barra?" -"Ah es que yo no la puedo abrir. Me toca llamar a un supervisor". -"Y el supervisor qué hace, para lograr abrir la barra?" -"Ah, pues saca una tarjeta nueva de la máquina y se la da", dijo mientras en el radio llamaba al supervisor. -"Está fácil amigo, entonces pues saquemos una tarjeta nueva".-"No, yo no puedo manipular tarjetas porque me regañan". -"Pero ya hay como 8 carros tratando de entrar, usted tiene ahí gente que no puede entrar, y el problema es muy fácil de solucionar". -"Ah, pues que se esperen". -"Listo amigo, pues yo saco entonces la tarjeta", y abrí la puerta para bajarme. -"No, es que toca esperar al supervisor". Afortunadamente, el supervisor, que en realidad era la niña de la caja del parqueadero ya había llegado, se acercó a la máquina, sacó una nueva tarjeta, me la dió y me solicitó devolver la otra. Finalmente pudimos entrar.
No hubo forma de saber que hacía un camión parado, bloqueando la entrada del parqueadero en una tarde de lluvia.

 El segundo curioso incidente, sucedió mientras tomábamos tinto, justo antes de salir del centro comercial. En el café en que estábamos, justo al lado de la entrada del hotel, me pareció curioso el aviso (foto) que indicaba que según la normatividad del centro comercial estaba terminantemente prohibido el consumo de bebidas alcohólicas dentro del centro y por tanto, no se podía consumir licor en la barra del café. Lo curioso es que el aviso estaba justo arriba de las botellas de licor que vendían en el café. El local diagonal a este café, es un bar y no sobra recordar que dentro del centro comercial hay al menos 5 bares más.
Le pregunté a la niña que atendía si ellos vendían licor. Ella me confirmó que si, que se podía tomar cualquier tipo de licor. -"Pero si pido un capuchino con licor entonces no me lo puedo tomar aquí? Es que no entiendo su aviso, ahí dice que no puedo consumir licor aquí". -"Ah, no, si puede. Lo que no pude es como tomar cerveza o licores fuertes." El local diagonal, a pocos metros, tiene una gran nevera llena de cerveza, entre otros licores fuertes exhibidos. -"No entiendo, ¿eso no es licor igual?" -"Ah es que eso va entre el café y pues con un traguito no se emborracha." -"Con una cerveza tampoco, le contesté". En ese momento, la niña se volteo y se negó a hablarme nuevamente. Tuve que pedirle la cuenta a alguien más. Sólo otro ejemplo de las normas idiotas que nadie cumple.

P.D. Acepto que el segundo incidente fue provocado por mis ganas de fregar a la gente cuando la veo haciendo carajadas, pero no cambia el hecho de que es una estupidez completa la norma y el manejo de la norma.

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jueves, septiembre 08, 2011

La tradición y la posesión

La convivencia entre familias y grupos en un edificio es algo cotidiano y complejo. Cada pequeña interacción lo define a uno como persona y como grupo, y va creando identidades.

En medio de este escenario, hace unos días, hablaba con uno de los vecinos que se mudó al edificio donde vivo cuando fue construido. Él cuenta cada historia de como creció el barrio, y se fue transformando, y cómo ha cambiado con los años. Esta semana, me contaba una historia sobre el parque del conjunto, donde antes había banquitos hechos con troncos. Me contaba molesto, como él ponía su banquito en un sitio del parque, y luego venía un muchacho y se lo cambiaba de sitio, y cómo esta dinámica sucedió por muchos días.

La reflexión que me dejó la historia, es si alguien que ha vivido 20 años en un sitio tiene más derechos que alguien que acaba de llegar. ¿Cómo se decide cual es el lugar más apropiado para el banquito, o cualquier otra situación que se presente?

Alguien que ha vivido 20 años en el mismo sitio, tiene un apego sentimental comprensible y positivo, sobre el espacio y los bienes compartidos. Lo ideal, es que todos los que viven en un sitio lo sientan propio, se apersonen, lo cuiden. Pero, ¿y si el recién llegado tiene nuevas ideas, quiere plantas nuevas, se imagina formas distintas de administrar? Me refiero a esas cosas que no pueden argumentarse, que son casi emocionales, como cuál es el mejor sitio para el banquito. ¿Qué idea primará? ¿Cuál debería hacerlo?