sábado, diciembre 25, 2010

Muy poco dinero para dar la pelea

Esa fue la conclusión y la decisión. Me acogí a los descuentos y terminé pagando medio parte después de reírme media hora en el curso pedagógico.

En el Súper Cade de movilidad en Bogotá, está perfectamente organizado el proceso de apelar un parte. Vas, te regañan y sales en menos de veinte minutos. Sólo hay que llevar una fotocopia del parte y otra de la cédula.

Por turnos, lo atiende a uno un abogado, que en mi caso fue una abogada. Ella me preguntó, qué había pasado y porqué estaba ahí, yo conté mi historia. Me preguntó, "¿pero usted se pasó el semáforo?" Yo le expliqué que esperé a que pasara la gente (nadie estuvo nunca en peligro) pero si, me había cruzado.
Ella responde que no puede ayudarme, porque nada justifica el pasarse el semáforo. Me explica que las escoltas no tienen ninguna autoridad, la responsabilidad sigue siendo mía y me contó las historias de escoltas del día. Aparentemente, es un caso frecuente, que los escoltas creen que pueden infringir las normas de tránsito, y les recuerdan con partes que no es así. Con orgullo genérico me contó además que ahora en la zona T de Bogotá hay un escuadrón de mujeres policias que son las encargadas de poner en cintura a los escoltas porque los hombres nunca fueron efectivos en eso. Me contó también que en ese día ya había atendido 2 casos de escoltas del DAS que habrían tenido que pagar la multa y que en el último mes habían tenido incidentes con una Senadora del Partido de la U (dijo así, pero no me dío el nombre, jaja), quien también había ido a gritar al Super Cade, sin lograr que le quitaran la multa.


La abogada me dice que el código de tránsito es explícito, sólo la autoridad de tránsito puede desviar el tráfico. Yo insistí, "pero en carretera el ejército hace las veces de policía de tránsito, entonces porque aquí no aplica." "Porque en Bogotá si existe autoridad de tránsito, será así en cualquier zona urbana. Sólo ante la ausencia de autoridad de tránsito aplicaría que el ejército pueda tener esa autoridad.", me dijo.

Puesto que mi teoría (explicada en el post anterior) era que el parte me lo pusieron porque el militar peleó y que de tener la oportunidad el agente me habría perdonado, le indiqué que pensaba que el agente apoyaría mi caso. "Bueno, hablemos con el agente a ver qué opina", y fue en busca de un teléfono para llamarlo. Yo me levanté a buscar a mi compañero de parte, quien estaba siendo atendido en otro cubículo. Le indiqué que ya se estaban comunicando con el agente. La abogada que atendía a mi compañero me preguntó en qué cubículo estaba y se fue a hablar también con el agente.

Las dos abogadas volvieron con cara larga, cada una a su cubículo. "El agente no rectificaría, el sostiene el parte y puesto que ustedes no tienen prueba alguna más que su palabra, y que el agente insiste que él no vió la escolta, esto es un caso perdido. Si quiere hacer el papeleo, lo hacemos, pero al perder tendrá que pagar la totalidad de la multa, doscientos cincuenta mil pesos. Si lo acepta y se acoge a los descuentos, pagaría solo la mitad haciendo el curso pedagógico".

Me levanté y fuí hasta el cubículo de mi compañero de parte. "¿Qué hacemos?" A él, su abogada le había dicho lo mismo que a mi, y le había planteado las mismas opciones. "Pues paguemos", me dice, "Esto parece perdido." "Si, también lo veo perdido". "Pero, quiero ver que pasó con el militar", me dice. Y le pidió a la abogada que revisara los partes anterior y siguiente a ver si le habían puesto el parte o habían arreglado algo. Constatamos que no sólo le pusieron el mismo parte que a nosotros, sino que le pusieron uno segundo por manejar sin pase. No inmobilizaron el carro, pero la abogada nos explicó que en caso de inmobilización por el tema del parte, el dueño del carro tiene 40 minutos para que se presente alguien con pase a recogerlo y evitar la inmobilización. (eso tampoco lo sabía).

No fue un alivio, pero al menos no nos sentimos tan mal, de ver que al militar le fue peor. Nos fuimos entonces a ver donde se hacía el famoso curso pedagógico, requerido para poder tomar el descuento. Cómo ya la cosa estaba perdida y resignados a perder media hora más de vida, nos dedicamos a burlarnos de todo lo que pudimos y pasar un buen rato. El curso pedagógico resultó un fiasco, como era de esperarse, pues escencialmente se centró en explicarnos como la infracción de manejar borracho termina costando más de 2 millones de pesos. (Fue efectivo, porque ayer 24 de diciembre no me tomé mi media cerveza. Confieso ser una persona simple a quien le duele más el bolsillo que otra cosa)

Así termina la historia, con la total conciencia de que no conozco el código de tránsito y que los escoltas tiene mucho huevo. Al día siguiente tomé esta foto, en la carrera séptima con 116, donde una escolta está deteniendo el tráfico de esta vía principal. ¿Quién le va a decir al personaje que él no tiene autoridad de hacer eso?

domingo, diciembre 19, 2010

“Póngame el parte, señor agente, que yo lo entiendo”

Con un final inesperado terminó la historia de tombos del viernes: no solo acepté el parte, sino que defendí al policía de tránsito por ponermelo.

En Bogotá hay una zona militar en la carrera 7ma con calle 106, el famoso Cantón Norte (el del robo de armas). Es frecuente el paso de vehículos con escolta militar. Por eso, cuando un motorizado de escolta militar en la 106 me indicó por la ventana que hiciera el cruce del semáforo a la derecha, aunque estaba en rojo pues era el paso peatonal, yo giré. Había personas pasando, detuve el carro y esperé. El carro atrás empezó a pitar, afanado por la escolta militar que le insistía cruzar. Avancé. Tres carros hicimos lo mismo. Media cuadra adelante, fuimos detenidos por un policía de tránsito por hacer el cruce con el semáforo en rojo.

Los conductores de los dos vehículos se bajaron inmediatamente, se veía discusión, pero yo no alcanzaba a oír lo que decían. Acerqué mi carro al andén, y me bajé también. Mientras caminaba acercándome, mandé estos dos tweets:
Frente al cantón norte un escolta militar nos obligo a cruzar saltando un semáforo peatonal y un policía de transito nos tiene parados.
3 vehículos, 3 personas afirmando lo que paso y se ven venir 3 comparendos. En Colombia uno siempre pierde.

Mi frustración era evidente, mis experiencias con la policía usualmente son negativas y estaba molesta, pero tranquila.

El policía de tránsito dijo, “denme sus papeles, voy a confirmar la historia”. Tomó mi cédula y mi pase y fue caminando por la carrera séptima hacia el norte. Los conductores de los otros dos vehículos se veían molestos, pero yo solo me alejé para llamar. Me dirigía a una reunión, así que llamé a avisar que llegaría tarde. Eran las 4pm.

El policía regresó. Dijo, “no había bachilleres en la esquina, ustedes se pasaron el semáforo”. Los tres conductores, hablando al tiempo explicamos que era un escolta motorizado y que el carro que escoltaba había seguido derecho para entrar al batallón. Nos habían hecho cruzar para darle paso.

En ese momento noté algo que antes no había notado y era cómo los otros dos conductores se dirigía al agente de tránsito. Uno en particular, hablaba más agresivamente. Le dijo, “yo soy militar y ya mismo voy a llamar al General (no recuerdo el apellido) y mire que yo tengo un permiso de tránsito especial para transitar, este carro es de inteligencia militar y usted se va a meter en muchos problemas”. El agente miró el permiso y le dijo, “este permiso dice que el auto puede transitar en pico y placa, pero usted se pasó un semáforo en rojo. El permiso aquí no le sirve, llame al General que quiera”. “Su actitud no es la correcta”, insistía el agente de tránsito. En este momento, el segundo conductor empezó también a alzar la voz, a gritar al agente.
El agente insistió, “no tengo como verificar su historia, tengo que hacer los partes”.” Usted como es de bruto, ¿nos está diciendo mentirosos acaso? Es que ya mismo vámonos para donde el General XXX”. El militar insistía en sus insultos al agente de tránsito.

El agente me preguntó,"¿ usted se pasó el semáforo?” “Si, yo cruce en rojo”, le dije."Lo hice porque el escolta militar me indicó hacerlo. Paré para darle vía a los peatones, pero si crucé en rojo”. El agente me respondió, “Sepa usted de la escolta militar no tiene autoridad para desviar tráfico. De hecho, sólo el Presidente puede pasarse un semáforo en rojo. Las escoltas que tienen esas autorizaciones siempre van acompañadas de motorizados de la policía de tránsito porque sólo la policía tiene autoridad para hacer esto”. Yo le respondí, yo no tenía conocimiento de esto, para mí una escolta es autoridad y por eso yo sólo obedecí la indicación. Los otros dos conductores seguían gritando, insultando al policía. “¿En una situación así entonces que hago? ¿Si una escolta militar me hace parar debo ignorarlos?” El agente me respondió “Si. Si por culpa de esta imprudencia hubiera pasado algún accidente, la responsabilidad habría sido suya. Los bachilleres acá lo saben, precisamente la semana pasada hubo un incidente en que una escolta militar desvió el tráfico y atropellaron a alguien. Y por supuesto, el que iba conduciendo tuvo que responder. Por eso estamos acá los de tránsito“.

Yo insistí, "pero si yo crucé porque una autoridad me lo dijo, es injusto". El agente, que siempre se dirigió a mí amablemente me respondió: "Usted tiene 5 días para apelar el parte. Si es injusto, usted no lo tiene que pagar". Yo, pensando en voz alta, dije “Desde donde estaba parado el agente, no se vehía la escolta. Desde aquí lo que se ve es que 3 carros cruzaron el semáforo en rojo”. Era verdad. Ahora los dos conductores empezaron a insultarme a mí, “¿usted de que lado está? ¿Qué es esa pasividad? ¿Acaso le va a firmar el parte?”. Sólo respondí, “Pasividad sería ir a pagarlo. Voy a apelarlo, siguiendo el procedimiento”.

El de inteligencia militar, cada vez más agresivo insistía con perlas como “usted es tan bruto que no debería ser policía en Bogotá, usted debería estar perdido en un pueblo miserable del Guaviare”. El agente, después de un momento, se volteó y se dirigió al militar. “Señor, su actitud no es correcta, usted debe dejar de amenazarme. Necesito sus papeles, porque les voy a poner partes a todos.” “Yo no le voy a dar mis papeles, ni nada”. “Señor, necesito su pase y su cédula”. “No los tengo, están en la oficina”. El agente me miró y me preguntó “¿El pase es para dejarlo en la oficina?” Yo en esta decidí guardar silencio. “Si no me da su pase y sus papeles, tengo que inmovilizar el carro”. “Hágalo, a mí que me importa si el carro es de inteligencia militar. ¿Usted se va a meter en ese lío acaso?”. El agente, solo empezó a escribir los partes y por radio llamó a una grúa para inmovilizar el carro.

“¿Qué podemos hacer?”, pregunté de nuevo. El agente me dijo,” vayan todos, cuenten la historia. Si esto no es justo, entonces usted no tendrá que pagar la multa". Luego se dirigió a mí y me dijo, "me da pena ponerle esta multa. Pero tengo que hacerlo. La actitud del señor acá, con sus amenazas y sus groserías. Yo no me puedo dejar intimidar. Y no puedo solo ponerle la multa a él, tengo que ponerla a todos”. El segundo conductor le dijo, “Deje de mentir si usted el parte de ella lo va a romper allí en la esquina, es que esto es el colmo”. Hasta yo me ofendí con el comentario, así que le contesté “Yo no le he pedido al agente que haga nada incorrecto o fuera de la ley” Yo ya estaba también molesta. Como yo lo veía, el agente había obrado correctamente, había tratado de corroborar nuestra historia, pero ya en ese punto se trataba de que el militar lo amenazara y él se veía en una posición de defender la autoridad de la policía de tránsito frente a la autoridad militar. Así lo entendí y en silencio, lo apoyé, cuando tomé mi parte y lo firmé.

Mientras toda esta discusión sucedía, la hija del segundo conductor, había ido hasta el batallón a localizar a la escolta. Regresó en compañía de alguien quien se identificó como el Jefe de Escoltas del Batallón. Yo no sé nada de rangos militares, no sé qué rango tenía, pero en su uniforme estaba el apellido Calero. Calero explicó que a la hora que nosotros citábamos el incidente, si había entrado el General Paredes con su escolta. Le indicó al agente de tránsito que en unos 15 minutos iban a salir 15 carros al Ministerio de Defensa y que iba una escolta numerosa. Afirmó que el escolta motorizado, si había indicado que cruzáramos, tal como decíamos. Luego se retiró. El segundo conductor insistió que en su parte dijera que el incidente había sido en una zona militar. El agente le dijo, si, el parte tiene la dirección. Ahí es claro que esta es la zona del cantón norte.

El militar seguía insultando al agente y el agente insistía, con tono amable, esta no es al actitud, deje de ser grosero y deje de amenazarme. El militar se dirigió a mí y me dijo, “¿Acaso estoy insultándolo?” Yo le contesté con total sinceridad, “Si, está siendo grosero”. Fui insultada de nuevo.

La verdad, sé que si el militar este no hubiera estado presente, no me habrían puesto el parte pues se habría verificado nuestra historia y nos habría dejado seguir después de explicarnos por qué no debíamos haber cruzado. Honestamente, creo que el agente obró como debía, al no dejarse intimidar. En Colombia, la intimidación es una práctica común, y es efectiva porque la mayoría de personas ceden ante ella.

Aún no se si tendré que pagar la multa o no. El segundo conductor y yo intercambiamos datos, pues deberemos ser testigos el uno del otro de lo sucedido. Seguiremos el conducto que la ley provee y procuraremos no pagarlo. Cuando nos fuimos, aún estaban esperando la grúa para llevarse el carro de inteligencia militar. Supongo que al agente lo insultaron otros 20 minutos más.

Pero, siento que al menos, ayudé a prevenir un abuso de un militar sobre este agente. De pronto es una bobada, pero me sentí orgullosa de hacerlo. Un poquito de orden en este país del desorden.

domingo, diciembre 05, 2010

Más historias de tombos (en internet)

Esta historia de tombos está cruel... no me sorprende...  La recibí en un tweet, se las comparto.
http://www.unargentinoencolombia.com/historia-del-decomiso-ilegal-e-injusto-de-mi-carro-por-un-error-de-la-justicia-colombiana/

Esto también pasó...
http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/ciudadano-cuenta-cmo-un-ladrn-y-su-aprendiz-por-poco-lo-atracan_8498601-4

Aparentemente, mi experiencia con la Policía es un lugar común entre los que vivimos en Colombia... ¿Más historias que me quieran compartir?