martes, febrero 20, 2018

Las interrupciones

Desde hace más o menos una semana, no contesto mi celular. Cuando sueña, salta, timbra, solo lo dejo sonar, saltar y timbrar. Dejé de contestar porque sentía que si atendía cada solicitud, la productividad de mi día sería muy baja, si es que lograba producir algo en el día. Y porque el nivel de interupciones se ha incrementado muchísimo en mi día a día, al punto de que es imanejable.

Literatura sobre el efecto negativo de las interrupciones, hay montones. Una muestra aquí, en un enlace de busqueda en google https://www.google.com.co/search?q=interrupcion+en+el+trabajo&oq=interrupcion&aqs=chrome.1.69i57j35i39j0l4.6152j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8  En inglés, el volúmen de literatura mostrando lo negativo de las interrupiciones es mucho mayor.

He leído muchas veces que tras una interrupción, el cerebro toma entre 15 y 30 minutos en volver a concentrarse y lograr un estado productivo. Curiosamente, las personas no parecen notar que preguntarte si te pueden interrumpir no sirve de nada, porque claramente, ya te interrumpieron.

Mantenerse con un buen nivel de productividad es importante en mi línea de trabajo y nivel de responsabilidad. Sin embargo, mantener buenas relaciones con las personas es también importante, u me preocupa la percepción de las personas de que no soy accesible o que no se pueden comunicar conmigo.

Sólo por ver si mi estrés era percepción conté hoy cuantas llamadas y WhatsApp recibo (no incluye repeticiones de la misma persona, sino solicitudes únicas de un tema distinto relacionado con trabajo. desconté mis asuntos personales y familiares). Resultado para hoy: una interrupción cada 13.7 minutos.  Es decir, si solo contestara la llamada, o el mensaje, ya no lograría niveles de concentración en el día para producir pues antes de llegar a los 15 minutos, ya habría sido interrumpida de nuevo.

Ahora, con un análisis más profundo de los datos, noté que de todos los temas solicitados vía llamada telefónica, ninguno era urgente y se podría haber manejado por email, con una respuesta que puede esperar de varias horas a varios días*.

De las solicitudes hechas por Whatsapp, un poco menos invasivo, sólo una de ellas era relevante y requería mi atención. Se atendió de forma casi inmediata. Las demás, las leí cuando pude hacerlo y las atendí sin que causaran gran traumatismo a la productividad. No he visto mi email hoy, por lo mismo, no puedo acusarlo de generarme retrasos por interrupciones.

Mi corto análisis de hoy me permite concluir que, al menos por esta semana, prefiero "pasar de grosera" y no atender las llamadas.  Gustosamente, atenderé Whatsapps a medida que los pueda leer y correos cuando llegue a ellos. Me he propuesto, al menos por esta semana, lograr cumplir con al menos los más urgentes deadlines que tengo en proyectos.


* A las llamadas telefónicas, les tengo mucho más miedo que a otros medios de comunicación, por cuanto, las personas que no requieren niveles de productividad tan altos, pueden pasar 40 minutos al telefono con temas que no son urgentes, y sin darle a uno opción de colgar. Algunos te cuentan su vida y repiten la misma cosa varias veces, sin conciencia alguna de que los demás sufren con sus llamadas.




lunes, enero 15, 2018

Estar ofendido y los antidepresivos

En general, aunque tomar antidepresivos ayuda mucho a alguien con depresión, los efectos secundarios del medicamento no son deseables. Por eso, lo usual es que el medicamento se toma por un tiempo determinado, mientras el paciente está en alguna crisis o lo requiere, y luego se deja de tomar.

El proceso, que ya me es conocido, no deja de ser complejo. En particular, porque los antidepresivos disfrazan las emociones, con la medicación no se siente uno triste, ofendido, dolido. Los sentimientos negativos no están presentes, aunque estén justificados. Y esto afecta las relaciones personales. La imposibilidad de sentirse ofendido o dolido, en mi caso, evita que note situaciones de abuso o de injusticias. Cuando dejo de tomar los antidepresivos, estas situaciones se hacen muy evidentes y es difícil manejarlo con las personas involucradas. ¿Cómo es que ahora te ofende algo que está pasando hace meses y antes no te generaba reacción alguna? ¿Cómo puedes explicar a alguien, que no tiene conocimiento de esta situación del medicamento, que ahora una situación no es aceptable aunque antes aparentemente si lo era?

Hay un poema de Robert Frost, que recuerdo con frecuencia: Mending Wall, se llama. La traducción al español que encontré, no se si es la mejor, pero les da una idea del poema. Un buen muro hace buenos vecinos. Tan odioso como parece, en realidad es sano. El límite sano entre las relaciones, puede ser odioso, pero es necesario.

A pesar de que quiera uno ser siempre generoso, amable, siempre dar un poco más, esto deja de ser sostenible cuando personalmente, no tiene uno mucho más que dar. En un punto, ponerse a uno mismo primero no es egoismo, sino ser responsable con uno mismo.

Hoy, querría poder continuar siendo generosa, pero tengo que dejar de hacerlo. Porque ya no tengo opciones, y tengo que asumir mis responsabilidades. Sería mucho más fácil seguir tomando antidepresivos, y evitar todos estos sentimientos negativos. Pero, al final, eso tampoco resuelve nada. La vida es dura, dice un amigo. ¡Y qué más vas a hacer!

lunes, noviembre 13, 2017

En el 61 no había celulares

Este nuevo comercial de Sprite me causa muchos conflictos. Casi tantos como el comercial de televentas del trapero que era un imán para el agua, aunque por motivos distintos.


En el 61 no había celulares, y el que hoy se usen más para chatear que hablar es un cambio que sucedió en los últimos 5 años por mucho. El comercial afirma algo que es falso, pero la mayoría de personas, no lo notan o no les importa.

A mi me molesta particularmente, porque me temo que es así es como las noticias falsas se convierten en la verdad. Tal vez por la misma razón, disfruto mucho este comercial de CNN.

Aplaudo este mensaje, de cuestionar y revisar los hechos. La única forma de luchar contra la desinformación es estar informado, con múltiples medios, confirmar las versiones hasta donde sea posible y no creer sin validar. Y aún así ser consciente de que no sabremos la verdad completa. 

¿Cómo se supone que puede tomar la posición correcta en una situación en que se parte de que no se puede confiar en lo que nadie dice? Esa es la siguiente pregunta.