miércoles, agosto 18, 2010

De la Plaza de Mayo a Soacha Por: Arlene B. Tickner

Esta mañana leí esta columna y acentí en cada palabra. No podría estar más de acuerdo, así que les comparto el texto (que transcribo sin permiso).

El link original es este: http://www.elespectador.com/columna-219625-de-plaza-de-mayo-soacha

De la Plaza de Mayo a Soacha


Por: Arlene B. Tickner

Sin que haya sido su intención, un reportaje en la portada de El Tiempo sobre niños robados durante la guerra resalta una contranarrativa de la Política de Seguridad Democrática (PSD) que es importante rescatar y debatir.

A pesar de desfilarse ante el país y el mundo como un modelo exitoso de consolidación estatal y seguridad pública, la “triple sombra” del gobierno Uribe (parapolítica, falsos positivos y chuzadas) sugiere que de “democrático” no tuvo nada. En términos de pobreza, desigualdad y costos humanos generados por la violación de los Derechos Humanos, su balance también fue negativo.

Las estadísticas son elocuentes. La Comisión Colombiana de Juristas estima que durante los primeros seis años de PSD, más de 14.000 civiles murieron o desaparecieron por actos de violencia relacionados con el conflicto armado. Sólo en desaparición forzada, el Conpes 3590 de 2009 habla de 27.000 casos, mientras que la Fiscalía afirma que durante los últimos 20 años se han presentado 50.000, el mayor número entre 1982 y 1986, y 2002 y el presente. Se trata de una cifra superior al total de desapariciones de todas las dictaduras del Cono Sur y Brasil, siendo la de Argentina (1976-1983) la que mayores víctimas cobró —cerca de 30.000— versus 3.200 en el caso de Chile (1973-1990).

Por simple lógica se puede deducir que muchas de las víctimas de la violencia en el país tenían hijos y
que algunos de éstos fueron raptados y criados por sus verdugos, como ocurrió también en países como Argentina. Si bien Justicia y Paz ha esclarecido una docena de casos de niños robados, el número tiene que ser considerablemente mayor.

Colombia se lleva también la medalla de plata en desplazamiento (después de Sudán). Entre 2002 y 2009 un promedio de 300.000 de los colombianos más vulnerables fueron expulsados de sus tierras cada año. Ni hablar de los “falsos positivos”, que en su misma terminología disminuye la magnitud del hecho. Hasta 2.177 civiles inocentes fueron asesinados por miembros de la Fuerza Pública, en su mayoría bajo la vigilancia de la “seguridad democrática”.

Una pregunta que está por esclarecerse dentro de la estrategia de “prosperidad democrática” del gobierno Santos es el lugar que ocuparán en ella los Derechos Humanos. El Presidente advirtió en el discurso de posesión que habrá “cero tolerancia” ante su violación, no por imposición de otros países sino por convicción. Sin embargo, cómo corregir el legado de su antecesor queda por verse. Reescribir esta parte oscura de la historia oficial, como hicieron en su momento las madres de la Plaza de Mayo y como claman por hacerlo ahora las de Soacha (y tantas más) en el caso de la PSD, sería un primero paso.

sábado, agosto 14, 2010

Colombia fue inventada...

Estaba leyendo esto hace un rato, y me hizo sonreir. Se los comparto:

"Colombia fue inventada en el siglo XIX, después de las guerras de independencia de que tanto se habla en el himno nacional. Y cuando se dice "inventada" se quiere decir inventada. Se inventan una historia, un mundo homogéneo, un ideal de ser colombiano. También hay que decir que algunas cosas no se inventaron porque se consideraron básicas, como por ejemplo la religión católica y la tradición hispánica."

Los árabes en Colombia. Del rechazo a la integración. Pilar Vargas y Luz Marina Suaza. Planeta. Bogotá, 2007.

Si, parezco una niña

Soy conciente de que muchos de mis posts y mis preguntas tienen mucho de infantil. Hasta el lenguaje que uso en ellos es más sencillo de lo usual. Aquellos que me conocen personalmente, notan que también hablo así. Pregunto cosas todo el tiempo, como un niño cansón. ¿Y esto por qué es asi? ¿Y esto qué es? ¿Pero cómo así? ¿Qué me recomienda leer sobre esto?

Aunque me considero más bien soberbia y poco sencilla (hay que decirlo), al tratar de entender la vida, me siento como un niño, todo el tiempo. No se nada, nada es definitivo, no hay ninguna verdad de la que tenga certeza. No tengo muy claro quien quiero ser y para donde voy, porque la perspectiva cambia todo el tiempo.

Mi inocencia, mi simpleza, no me averguenza. Tampoco me enorgullece. Es genuina. Siento que no se nada, y sigo buscando como entender Colombia, ni familia, mis relaciones, mi vida.

Agradezco a todos, los que respetan eso y me ayudan con sus comentarios, sugerencias de lectura, con sus cuestionamientos, a que pueda seguir haciendolo. Gracias por apoyarme y dejarme seguir siendo una niña, aunque ya tengo 35 años... :)

viernes, agosto 13, 2010

¿Y yo qué hago por el país?

Con mi post de los verdes, que causó tanto revuelo, dentro los insultos típicos que recibí era la pregunta de yo qué hago por el país(para atreverme a criticar). Me sentí bastante halagada, porque eso mismo le preguntaron a Jaime Garzón en la conferencia esa en Cali que está en youtube (http://www.youtube.com/watch?v=zKBtNfnVRBQ). En esa conferencia, a Garzón le dio como risa, y cuando me lo dijeron a mi, pues entendí su risa.

Lo primero que se me ocurre contestar es, ¿y eso que tiene que ver? ¿Si usted no está de acuerdo con mi crítica, es su derecho, pero la pregunta de yo que hago por el país que tiene que ver con lo que escribí o con lo que dije o con el hecho de que lo diga?

Llevo varios días pensando y leyendo, tratando de entender por qué dentro de la "colombianidad" el criticar es considerado una especie de crímen. Si a uno no le gusta la comida típicamente colombiana es traidor a la patria. Si uno apoya a un político pero hay cosas de él o ella que no le parecen, entonces es que uno es un incoherente (porque hay que creer ciegamente, sino uno no está comprometido). ¿Por qué somos asi? ¿Cómo vamos a salir de este hueco si no somos capaces de vernos y criticarnos? ¿Si todo está perfecto, cómo lo vamos a cambiar?

Agradezco a aquellos que lean esto, y tengan una luz, me sugieran una bibliografía o me indiquen donde buscar, para seguir leyendo y entendiendo esa aversión a la crítica que en serio quiero comprender.

martes, agosto 03, 2010

El problema de morirse no es morirse, es dejar tanta cosa regada

Cuando era niña, tal vez tenía unos 5 años, insistía en que mi nombre era Guillermo Perez y vestia un chaleco de paño (robado del armario de mi papá). Con una tapa y una cuerda, había armado mi reloj de bolsillo, que cargaba en el chaleco. Mi familia pensaba que esto era un juego, un amigo imaginario, y que había elegido ese nombre por que mi papá se llama también Guillermo*.

En edad escolar, empecé a leer textos del hinduísmo y luego del budismo, y el concepto de la reencarnación me pareció muy natural. Después de todo, recordaba desde niña vidas pasadas. Aún tengo recuerdos expontáneos de vidas pasadas, pero durante más de un año hice "regresiones" como parte de una curiosa terapia, buscando salidas a mi depresión (y antes de descubrir las maravillas del prozac). Entendí muchas de las relaciones conflictivas que tenía en el momento, muchas relaciones excepcionalmente buenas, y cosas de mi: patrones recurrentes y gustos que he tenido por muchas vidas.

Con los múltiples recuerdos noté algo que en esta única vida ya había notado, y es que si existe una especie de justicia divina, las personas regresan una y otra vez, que las lecciones se presentan una y otra vez hasta que uno las aprende. Siempre hay otra oportunidad para volverse a relacionar con alguien, y mejorar o empeorar las cosas. Es sólo cuestión de tiempo, pero la oportunidad vuelve a presentarse.

Habiendo explicado lo anterior, entenderán porque, al hablar de la muerte de mi mamá no me pongo triste. No le temo a la muerte, ni a la mia, ni a la de las personas que quiero. Se que la muerte no es el final de nada, es como si se hiciera de noche, algo inevitable, que sólo sucede, y no es bueno ni malo. No tengo interés en adelantar mi muerte, que llegará algún día, por ahora solo aprovecho los espacios que tengo para ser yo (pues al reencarnar, aunque la escencia y hasta el carácter permanece, las condiciones cambian y seré "alguien más"). Por ahora me gusta ser yo, aprender lo que estoy aprendiendo, ver los retos que tengo. El tiempo va avanzando lentamente.

Pero confieso que últimamente me asalta una curiosa preocupación acerca de la muerte. Cuando mi abuela murió, el problema logístico de qué hacer con todas sus cosas retó a mi familia. Al poco tiempo, mi mamá murió, y depronto yo tenía 6 cubrelechos, varias vajillas, y un montón de cosas que nunca quise tener, pero que me tocaron en la repartición. Y depronto, empecé a ver mis pertenencias con otros ojos. ¿Para qué carajos quiero 6 cubrelechos? ¿Para encartar a mi familia cuando muera con ellos?

Ahora, me preocupa mucho de morirme es cómo dejar todo organizado para que no sea un lío para mi familia las cosas y los bichos que tengo. Mis bichos son mi perrita y mis dos gatos. Mis pertenencias son un apartamento lleno de vainas que aparte de valor sentimental, no tienen gran valor (con excepción de algunos libros raros que me han encontrado curioseando por ahi en las librerías de segunda mano).

Hace unos meses cogí los casi 30 diarios que tenía con las historias de mi vida de años y años. Solo los eché a la caja de reciclaje. ¿Para qué quiero guardar eso y torturar a mi familia leyendolos? Yo jamás saco el tiempo para leerlos, y la verdad, es mucho más divertido hacer revisionismo de la propia vida que tener la verdad escrita y recordar las cosas como fueron. Así es más fácil perdonar a los amigos y las personas, y dejar ir los malos ratos. Por eso, también dejé de tomar fotografías y coleccionarlas.

Aún tengo cremas, perfumes, pañoletas, sacos y mil cosas de mi mamá. Y mil cosas mias (tenía la misma maña suya de comprar vainas, y como no pierdo las cosas, tengo 300 pares de aretes). Estoy cogiendo un solo tarrito de crema a la vez hasta acabarlo, y lentamente terminar todos los tarritos tengo. Estoy regalando, un poquito cada vez, la ropa, las sábanas, las vajillas, todo. No necesito nada de eso, y no quiero tenerlo. Y lentamente, tengo cada vez menos cosas que dejar regadas.

Definitivamente, el problema de morirse no es morirse, sino el montón de cosas regadas que le deja uno a la familia. ¿No creen?

* Los recuerdos que tenía no fueron inducidos, pues en mi familia nadie cree en estos temas. De hecho, lo más probable es que se enteren de que yo creo en la reencarnación, cuando lean este post.