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Mostrando las entradas con la etiqueta falta de conciencia

Las interrupciones

Desde hace más o menos una semana, no contesto mi celular. Cuando sueña, salta, timbra, solo lo dejo sonar, saltar y timbrar. Dejé de contestar porque sentía que si atendía cada solicitud, la productividad de mi día sería muy baja, si es que lograba producir algo en el día. Y porque el nivel de interupciones se ha incrementado muchísimo en mi día a día, al punto de que es imanejable. Literatura sobre el efecto negativo de las interrupciones, hay montones. Una muestra aquí, en un enlace de busqueda en google  https://www.google.com.co/search?q=interrupcion+en+el+trabajo&oq=interrupcion&aqs=chrome.1.69i57j35i39j0l4.6152j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8   En inglés, el volúmen de literatura mostrando lo negativo de las interrupiciones es mucho mayor. He leído muchas veces que tras una interrupción, el cerebro toma entre 15 y 30 minutos en volver a concentrarse y lograr un estado productivo. Curiosamente, las personas no parecen notar que preguntarte si te pueden...

En el 61 no había celulares

Este nuevo comercial de Sprite me causa muchos conflictos. Casi tantos como el comercial de televentas del trapero que era un imán para el agua, aunque por motivos distintos. En el 61 no había celulares, y el que hoy se usen más para chatear que hablar es un cambio que sucedió en los últimos 5 años por mucho. El comercial afirma algo que es falso, pero la mayoría de personas, no lo notan o no les importa. A mi me molesta particularmente, porque me temo que es así es como las noticias falsas se convierten en la verdad. Tal vez por la misma razón, disfruto mucho este comercial de CNN. Aplaudo este mensaje, de cuestionar y revisar los hechos. La única forma de luchar contra la desinformación es estar informado, con múltiples medios, confirmar las versiones hasta donde sea posible y no creer sin validar. Y aún así ser consciente de que no sabremos la verdad completa.  ¿Cómo se supone que puede tomar la posición correcta en una situación en que se parte de que no se pue...

La depresión y sus jueces

La depresión es una enfermedad compleja, y parece que sólo aquellos que la padecemos tenemos capacidad de entenderla y sentir compasión por otros que la sufren con nosotros. Se trata con pastillitas, al igual que la presión alta, dejando claro que es un tema químico, pura biología. Pero los síntomas no se tratan como la presión alta. Hay grandes prejuicios asociados a esta enfermedad. Lo que la mayoría sabemos es que las personas deprimidas se quedan sin amigos rápidamente. Tal vez es lo primero que se pierde. La familia espera un poco más, pero también desaparece. Con la depresión viene una distorsión de la realidad que nos hace pensar que todo saldrá mal, y todo el universo está contra nosotros. Sin importar cuales son nuestras habilidades o capacidades, el autoestima desaparece y se pierde el coraje de intentar nada. ¿Qué sentido tiene tratar de hacer algo, si ya sabemos que vamos a fracasar en el intento? Cuando se cuenta con suerte, después de algunos intentos de medicam...

La culpa

"No man treats a motorcar as foolishly as he treats another human being. When the car will not go, he does not attribute its annoying behaviour to sin; he does not say, "You are a wicked motorcar, and I shal not give you any more petrol until you go." He attempts to find out what is wrong and to set it right. Extracto de "Has Religion Made Useful Contributions to Civilization?" De Bertrand Russell Con frecuencia al hablar me refiero a "la culpa católica".  Habiendo estudiado en un colegio de monjas, tengo muy claro el concepto. Va acompañado de esa sensación de que alguien siempre nos está mirando por encima del hombro, pendiente de qué hacemos para condenarnos por ello. Para mi esa culpa viene con frecuencia cuando paso mucho tiempo sin hacer "algo productivo". Soy una trabajólica declarada, como bien lo saben todos los que están cerca a mi. Por eso, estos días que por motivos médicos se me obligó al descanso, siento esa culpa con...

El día de la mujer, no es para mí

No me ofenderé si alguien me felicita en el día de la mujer, sin embargo, no me sentiré ni medianamente alagada. (Ojalá no llegue nadie a la oficina con una flor y espere que le agradezca en el alma.) Tengo perfectamente claro que el día de la mujer no es para mí, y el que la felicitación se convierta en la muletilla no hace otra cosa que denigrar el significado de este evento. Yo nací y crecí en una familia con suficiente iluminación como para recibir la mejor calidad de educación disponible en mi país. Estudié, no sé si en la mejor, pero al menos en la más cara universidad de Colombia, una carrera tradicionalmente de hombres. Tuve tiempo para hacer todo el activismo que me dio la gana hacer, ejercer todas las libertades como bien me antojó, y cuando finalmente decidí hacerlo, me independicé de mi familia económica y emocionalmente. Estudié un postgrado, y luego otro, monté una empresa y que desde hace 10 años dirijo, me pongo el salario que quiero y nunca he dejado de acostarme con...

eso, sigan leyendo El Tiempo

Durante más de dos meses, me levantaba, y pasaba todas las páginas de El Tiempo sin encontrarle que leer. El trabajo era particularmente frustrante los domingos, porque eran muchas hojas que pasar, y nada que leer. El día de la "renuncia" de Claudia Lopez, cancelé esa suscripción. Fue como la gota que rebosó la copa. Pero fuí más allá y decidí nunca más leer nada de Casa Editorial el Tiempo. A la fecha, continúo fiel a este principio. Ya en un post de blog hace tiempo, conté porque no veo noticieros nacionales (que es ya tan cercano a ver El Espacio que da verguenza). Mis fuentes de información nacional se limitan a El Espectador y La Silla Vacía. Cada mañana veo los noticieros de CNN solo para que me recuerden que Colombia no es el ombligo del mundo ( y donde aún, diariamente, hay informes de Haití). Sin mucha sopresa, puedo decir que Colombia se ve diferente cuando uno filtra lo que lee. No tengo esa percepción de que todos aman a Uribe (más aún, sólo veo descontento,...

Todas las cosas que se me escapan

Hace unos días reorganicé mi cocina y puse el microndas sobre la nevera para abrir más espacio en el mesón. No soy muy alta, así que tengo que empinarme para poner la taza en el horno cuando quiero calentar algo. Curiosamente, siempre que caliento algo, la bandeja del horno gira y la taza queda en el fondo del horno. Tengo que subirme en un banquito para poder sacar la taza caliente.  Nunca había notado que la taza queda en el fondo del horno, hasta que ese hecho me afectó. Recordé cuando fuí conciente de la existencia de la discriminación racial, sólo la noté cuando fuí victima de ella, y aún ahora ese hecho me averguenza un poco. Durante un semestre viví en Ypsilanti, Michigan, como estudiante de intercambio. Es más o menos a 10 minutos de Ann Arbor, donde se encuentra la renombrada Universidad de Michigan. Pero yo estaba en Easter Michigan University, una universidad bastante menos "internacional", por decir lo menos. Era invierno, en 1997. La población de raza negra e...